Juan Dalmau no debe ser candidato a alcalde de San Juan
- Calixto Negron Aponte

- 30 ene
- 3 Min. de lectura
Por: Calixto Negrón Aponte
Secretario de Comunicaciones del PIP Columna publicada originalmente en el Nuevo Día

Hay figuras políticas que trascienden los cargos y otras que definen épocas. Juan Dalmau pertenece, sin duda, a la segunda categoría.
Su trayectoria no puede analizarse desde la lógica estrecha de una candidatura local o a un acomodo electoral inmediato.
Ha sido el líder de la transformación electoral moderna en Puerto Rico: un dirigente capaz de aglutinar electores de distintas tendencias, construir apoyos improbables y producir resultados sin precedentes para un candidato del Partido Independentista Puertorriqueño, lanzando puentes hacia sectores que históricamente votaron por otros partidos o movimientos.
Los números lo confirman. En 2012 obtuvo 2.5% del voto a la gobernación; en 2016 fue electo senador por acumulación con amplio respaldo; en 2020 alcanzó 14%; y en 2024, en el contexto de la alianza con el Movimiento Victoria Ciudadana, logró un histórico 31% de los votos.
Ese resultado no fue simbólico: alcanzó el primer o segundo lugar en la mayoría de los municipios, ganó 376 unidades electorales y generó un sentido real de esperanza colectiva visible en un cierre de campaña en alianza de más de 50,000 personas reclamando un cambio.
Hoy resurgen los viejos cantos de sirena del bipartidismo. El liderato desprestigiado del PNP y del PPD, incapaces de procesar que Juan Dalmau se convirtió en la segunda fuerza electoral del país, y otras personas confundidas o de buena fe; proponen que, como él ganó en San Juan, debe ser candidato a la alcaldía. Pero esa propuesta parte de una lógica profundamente equivocada que aleja el logro de un cambio que está al alcance de la mano.
Limitar a Juan Dalmau a una candidatura municipal no es un ascenso político: es una contracción estratégica. Es confundir un bastión electoral con un horizonte político. Es limitar un liderazgo nacional en una figura local. San Juan no necesita a Juan Dalmau para mejorar (hay otras personas capaces y probadas, dispuestas a aportar al cambio en alianza); Puerto Rico sí necesita a Juan Dalmau como figura nacional de articulación, de proyecto de país, de construcción de mayorías y de transformación necesaria.
La alcaldía de San Juan es importante, pero no es el centro del problema histórico del país. El problema es estructural: un modelo político agotado, corrompido, un bipartidismo en colapso, un sistema colonial que limita la democracia y una economía contraida.
Mover a Juan Dalmau hacia una candidatura municipal no fortalece el proyecto de cambio: lo debilita.
Primero, porque le da respiración artificial al bipartidismo desprestigiado que el país ya comenzó a superar. Reordenaría el tablero político en beneficio del viejo orden rojo y azul que deseamos superar.
Segundo, porque valida una lógica peligrosa: todo el que desafíe realmente al bipartidismo, solo puede aspirar a la candidatura menos amenazante. Esa mentalidad limita la aspiración de cambio y ha resultado en el desastre actual del país.
Tercero, porque reproduce una cultura política tóxica: tolerar liderazgos mediocres, mientras se aspira a acomodos menores y como resultado dañino, bloquear proyectos de país.
La experiencia electoral demuestra que la figura de Juan Dalmau en la gobernación no es intercambiable: es fundamental y estratégica para el triunfo del cambio de país.
Convertir a Juan Dalmau en alcalde (que de paso, ganó en doce municipios además de San Juan) no es darle más poder a las aspiraciones que representa: es sacarlo del espacio donde realmente incomoda a los que han robado y abusado al pueblo.
Puerto Rico ya rompió el espinazo del bipartidismo. Ya demostró que podemos construir mayorías fuera del PNP y el PPD. Ya evidenció que una alianza amplia y fuerte puede competir y acercarse al poder.
En ese contexto, limitar el liderazgo de Juan Dalmau a una candidatura municipal no es estrategia: es regresión.
Juan Dalmau representa una posibilidad histórica de país que se construye en esperanza. Es hacer una Patria Nueva.
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