Respuesta a un cínico buscón
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Respuesta a un cínico buscón


Por: Calixto Negrón Aponte

Secretario de Comunicaciones del PIP

Publicado en El Vocero 08 enero 2026

Hay columnas que no buscan informar, sino provocar náuseas. La de Enrique “Kike” Cruz es una de ellas.


Un ejercicio de indignación selectiva de quien acusa a otros de hipocresía mientras se pasea con ella colgada al cuello.


Ese tono grandilocuente —pregunta tras pregunta, exclamación tras exclamación— no es análisis: es cortina de humo para encubrir defectos propios.


Empecemos por lo básico. Condenar una agresión militar no es “defender” a ningún gobernante. Es defender principios elementales del derecho internacional y de la vida humana. Punto.


Lo sabe cualquiera que no esté intoxicado por la fantasía de que los misiles traen democracia.


Juan Dalmau condenó una intervención armada sin aval internacional; no santificó a nadie. Así lo hizo el Papa León XIV, las Naciones Unidas, líderes norteamericanos y la aplastante mayoría de los jefes de Estado a nivel mundial. Confundir eso es ignorancia… o mala fe.


Pero el señor Cruz exige pureza ideológica ajena mientras practica indulgencia propia.


Se escandaliza por supuestas “amistades” y, a renglón seguido, aplaude a Trump y otros líderes que han normalizado la mentira, encubierto el tráfico sexual de niñas, actuado autoritariamente e incluso intentado un golpe de Estado en el Capitolio federal. Esa doble vara es el verdadero vómito político del texto.


El truco retórico es viejo: convertir una condena a la guerra en una adhesión al dictador.


Es el mismo libreto que se usó para justificar Irak, Libia y cuanto desastre dejó Estados fallidos y cementerios llenos. Y luego preguntarse, con cinismo teatral, “¿imagínenselo de gobernador?”.


Sí, imaginémoslo: un gobernador que no aplaude guerras, que no sacrifica principios por likes, que defiende la democracia, que no se arrodilla ante caudillos ni locales ni extranjeros y que combate la corrupción venga de donde venga. Qué horror, ¿verdad?


Cruz también lanza una acusación particularmente grave e irresponsable: que el PIP “dependía de la ayuda de Maduro y sus recursos” para crear caos en Puerto Rico. Esa imputación es falsa, difamatoria y temeraria.


El PIP, ninguno de sus candidatos ni de sus funcionarios electos, ha tenido jamás un solo señalamiento por la procedencia de los donativos a sus campañas ni por el manejo de fondos públicos. Ninguno.


Por el contrario, la entonces gobernadora y aspirante del PNP, Wanda Vázquez, se declaró culpable por haber aceptado un donativo ilegal de campaña de un banquero venezolano y en estos días enfrentará la sentencia del tribunal federal que, en su momento, adjudicará el caso contra Nicolás Maduro. La ironía es imposible de ignorar.


Y como si eso no bastara, la columna de Cruz desliza un mensaje profundamente peligroso: que a Juan Dalmau deberían cerrársele puertas en los medios de comunicación.


Ese planteamiento no es casual ni inocente.


Las encuestas favorables y el respeto que se ha ganado Juan Dalmau entre personas de todas las tendencias políticas han llevado al columnista Cruz —y al liderato del PNP y del PPD— a la desesperación. Y ante la desesperación, aparece el llamado a la mordaza. La lógica es perversa y antidemocrática: Juan Dalmau no debe tener libertad de expresión.


El columnista pretende dar lecciones sobre libertad mientras defiende políticas autoritarias. Habla de democracia como si fuera un souvenir que se compra en tiendas de aeropuertos. Y acusa al PIP de “caos” cuando el caos real —energía privatizada fallida, quiebra, Junta de Control, corrupción impune, emigración masiva— lo fabricaron los gobiernos que él ha protegido y apoyado como cómplice.


Juan Dalmau no “salió de la nada”; salió de décadas de trabajo público, legislación seria y coherencia ética.


Llegó segundo en 2024 porque la gente se cansó del pillaje y la incompetencia del bipartidismo que Kike Cruz defiende. Eso es lo que le duele.


El cierre apocalíptico de la columna de Cruz revela que su miedo real no es Venezuela, es Puerto Rico. Los que como él se han beneficiado de la colonia y la ausencia de democracia en Puerto Rico, temen perder sus privilegios. Su obsesión no es que se acabe el abuso contra el pueblo puertorriqueño, es seguir abusando de él.


Por eso la fijación con atacar a Juan Dalmau con mentiras. Porque cuando ignorantes se quedan sin argumentos, recurren a fantasmas.


Juzgue usted, sí. Pero con memoria. Y con la serenidad de quien sabe distinguir entre la defensa de un pueblo y la defensa del apetito de un buscón.

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