La estadidad como gancho y la descolonización que Puerto Rico merece
- 6 mar
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Durante años, el PNP ha tratado el tema del estatus como un recurso de campaña.
Se habla de “adelantar la estadidad”, se anuncian cumbres como la de esta semana en Washington, se contratan gestiones y se producen titulares. Pero el resultado es el mismo: Puerto Rico continúa bajo un estatus territorial que limita nuestra capacidad de decidir, planificar y desarrollarnos.
El estatus es el marco que define cuánto poder real tiene el país para atender su economía, su sistema de salud, su infraestructura y su futuro.
Cuando el estatus se convierte en “gancho electoral”, se frena la discusión seria y se desperdicia tiempo y dinero público.
El problema de convertir el tema del estatus en propaganda de campaña es que se vende como si lo tomaran en serio, mientras se evita el trabajo duro que exige cualquier proceso real ante el Congreso de los Estados Unidos.
Cuando el mensaje es “vamos a Washington a exigir respeto”, pero el plan es repetir la misma caricatura, ya sea con cartulinas o cumbres ficticias, con la actitud del lomo doblado y la mano extendida como quien pide limosna, el Congreso no se moverá ni tomará en serio el asunto.
La Cumbre por la Estadidad de Puerto Rico que se celebró en Washington es turismo político.
En la práctica, lo que se ha vendido como “adelantar la estadidad” ha sido más un gancho electoral que un compromiso real con la descolonización.
Recordemos varias iniciativas que se anunciaron con bombo y platillo, pero terminaron sin resultados concretos.
Ahí está la Comisión para la Igualdad, que se pasó un cuatrienio “haciendo nada”; el llamado “acta de admisión”, que Jenniffer González radicó en varios años para aparentar movimiento sin dar pasos reales; y el esquema de cabilderos de la estadidad, que le costó millones de dólares al pueblo.
A eso se suman las cumbres y los viajes pagados con fondos públicos, que se presentan como gestiones decisivas, pero no producen avances porque, sin planificación seria y reuniones de alto nivel con congresistas, lo que queda es turismo político y paseo.
Descolonizar exige un proceso vinculante y serio.
Por eso hemos insistido en que la descolonización de Puerto Rico tiene que ser democrática, inclusiva y vinculante.
Un proceso serio requiere, como mínimo, que el Congreso de los Estados Unidos establezca con claridad qué opciones considera no coloniales y cuáles son sus consecuencias reales, incluyendo transición, responsabilidades, economía y tratados.
Segundo, que el pueblo de Puerto Rico pueda decidir con conocimiento de causa, no con slogans ni listas de deseos diseñadas por comités de campaña.
Tercero, que el mecanismo sea un diálogo bilateral entre el pueblo de Puerto Rico y el Congreso, no un ejercicio simbólico sin consecuencias, como ocurre en cada ciclo electoral con consultas que no nos llevan a ningún lado.
A los estadistas que creen en la descolonización, esto también les debe preocupar.
Si usted es estadista y cree en la descolonización, también debe reconocer el daño que hace repetir pantomimas como la cumbre, sin resultados ni consecuencias.
Cada fracaso debilita la credibilidad del reclamo en Washington.
Y mientras esa credibilidad se pierde, Puerto Rico se queda atrapado en el mismo limbo territorial.
Hoy, la conversación en Puerto Rico cambió. La mayoría del país quiere un camino que saque a Puerto Rico del estatus territorial con fórmulas no coloniales ni territoriales.
Puerto Rico merece un proceso de descolonización real.
Uno que obligue al Congreso de los Estados Unidos a contestar con definiciones claras. Uno que le devuelva al pueblo de Puerto Rico el poder de decidir democráticamente con conocimiento de causa.
El estatus no es un gancho. Es el marco de nuestro futuro y hay que tratarlo con la seriedad que merece. FIN.
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