El bipartidismo en bancarrota

“En el PNP, el fracaso de la gestión por la estadidad es estrepitoso. Luego de que el liderato estadista por primera vez en más de un siglo ha obtenido un supuesto mandato, el resultado ha sido nada”.

“¿Cómo te fuiste en bancarrota?”. La respuesta: “De dos maneras. Primero, lentamente. Luego, súbitamente.” Este diálogo, de Ernest Hemingway, demuestra que la bancarrota siempre estuvo presente. La lección es que el “éxito” que algunos se atribuyen, en muchos casos se construye posponiendo un fracaso latente, la quiebra. Ése es el retrato del bipartidismo en estos momentos.

Recientemente, líderes electos del PPD expresaron estar alejados de la colectividad, su deseo de aspirar nuevamente de manera independiente o incluso no volver a aspirar. A ellos se suman las expresiones de figuras asociadas al PNP que ahora plantean la necesidad de crear un movimiento estadista, fuera de las estructuras de esa colectividad. Los aires de desafiliación al bipartidismo son síntomas de una enfermedad mayor: el fracaso de sus respectivos proyectos políticos.


En el caso del PPD, las raíces de su compromiso social fue: “vergüenza contra dinero.” Hoy día sabemos quién ganó esa pelea; el dinero. El representante PPD, Luis Raúl Torres, quien ha sido electo bajo esa insignia desde el año 2000, dijo: “el liderato principal ha convertido al partido en un partido neoliberal que trata de proteger el capital de grandes intereses del gobierno y en eso se está pareciendo más al PNP.”


Por otro lado, una colaboradora histórica del PNP, Miriam Ramírez de Ferrer, ha insistido que ese partido abandonó la estadidad a cambio de las prebendas del presupuesto colonial y los beneficios económicos que reciben de los grandes intereses.


Estas dos aseveraciones son validadas, junto a las denuncias históricas del independentismo, por una larga lista de funcionarios de ambos partidos acusados y convictos por corrupción gubernamental. Los más recientes han sido el alcalde PNP de Cataño que se declaró culpable y el de Guaynabo que fue arrestado y acusado. En el caso del PPD, el alcalde de Guayama se declaró culpable y el de Mayagüez fue suspendido sumariamente de sus funciones. Se espera en cualquier momento que el alcalde del PPD de Trujillo Alto corra igual suerte. Esos son los síntomas inmediatos de un fracaso más profundo del bipartidismo, su bancarrota ideológica.


En los últimos 70 años, el PPD había tenido como proyecto político la defensa de un modelo ilusorio “autonómico” llamado ELA. Luego de que las tres ramas del gobierno constitucional de Estados Unidos confirmara lo denunciado por el independentismo puertorriqueño, de que el ELA es un territorio no incorporado sujeto a los poderes plenarios del Congreso, su proyecto político se hizo humo y espuma.


En el PNP, el fracaso de la gestión por la estadidad es estrepitoso. Luego de que el liderato estadista por primera vez en más de un siglo ha obtenido un supuesto mandato, el resultado ha sido nada. Incluso los que en Washington son los supuestos aliados del PNP, no tienen el más mínimo interés en el tema. El liderato del PNP no puede decir con una cara seria que tienen un compromiso descolonizador, cuando su gran gestión en Washington ha sido la caricatura de los cabilderos de la estadidad cargando cartulinas dibujadas con marcadores y parándose a distancia del Congreso. Eso causa vergüenza para estadistas que toman en serio la descolonización.


¿Qué hacer ante la quiebra del bipartidismo? Primero, impulsar un proyecto de país dirigido a limpiar la casa y que establezca un norte y cuyo liderato tenga el historial y el carácter para encaminarlos. En ese proyecto estamos convocados todos; independentistas, estadistas, libreasociacionistas y no afiliados; sin renunciar a nuestras preferencias de estatus.


En segundo lugar -de la mano con esa propuesta de país que atienda los problemas inmediatos-, debemos impulsar un proceso de descolonización inclusivo que permita democráticamente que el pueblo ejerza su derecho a la autodeterminación. Un proceso serio, sin caricaturas humillantes, ni encubrimiento antihistórico.


Creo en una Asamblea de Descolonización democrática, con negociaciones serias con el Congreso, y luego una determinación del pueblo por el voto directo. Debe ser un proceso en el que haya bilateralidad entre la responsabilidad del Congreso y el derecho que tenemos los puertorriqueños. Estos días de instrospección, reflexionemos en sobre la necesidad de seguir un mapa de ruta que nos saque de la bancarrota política.